martes, 22 de diciembre de 2015

Cuando descansaba y ya forjado un sentimiento de soledad más que incipiente, gustaba recorrer la ciudad. Prolongados paseos con su compañera habitual navegando por un mar a la deriva, completaban las jornadas. Un eterno laberinto flanqueaba su corazón escurrido de entendimiento y tapizado por una sinrazón a la que fue acomodándole la fuerza mayor. Igualmente reconocía que tanta tristeza podía modificar su sistema inmunológico, predisponiendo la enfermedad. Cualquier patología, real o ficticia terminaba por desembocar en fuertes impresiones que prolongaba en el tiempo. Estímulos mentales capaces de reavivar las características del recuerdo, alterar emociones que agitan mente y alma, y vapulear sin control la armonía físico-mental. Así hundida en una eterna melancolía que escudriñaba persistentemente el resumen de su vida, le llevaba a veces a obsesionarse por cualquier aspecto inconexo con el equilibrio de la vida.
Los años transcurrieron. Los días de verano se perfilaron eternos y las tardes contorneadas de un gran aplomo. Durante la semana compaginaba estudios y trabajo, labor que desarrollaba en un centro de suvenires y fotografía en uno de los lugares más bellos de España. Casual y accidentada profesión ésta que le traería incontables sorpresas. Las coincidencias que el destino le depararía no serían fruto de una mera coincidencia, solo debía esperar pacientemente… todo llegaría a su tiempo. 
Más tarde, descubriendo por casualidad las propuestas del amor desde comienzos de la adolescencia, se sometería a nuevas pruebas con sabor agridulce. Uniendo las placas tectónicas del pasado con el presente más inmediato, le restaba lo complicado, deliberar.
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domingo, 20 de diciembre de 2015

Día tras día, un pertinaz resplandor se colaba por aquella ventana de madera encajonada en el ojo de patio del último piso. Aquello era lo único certero. Haces comenzando en un mismo punto y proyectados a un mismo lugar dibujaban una sombra perpetua. Ella rebosante de soledad los estudiaba y examinaba. Así pasaba las horas, acompañada del murmullo de la voz de su madre. Lo peor de todo es que su adolescencia hasta los años veinte años, no resultó mejor en absoluto. A diferencia. Vaivenes fatídicos recordaba en todo ese período de tiempo. Con un tocadiscos de la época y unos cuantos discos de vinilo prestados, Tequila, Supertramp, George Moustaki ... se deslizaba por el tobogán misterioso del tiempo. Pintaba el arco iris de su vida de un blanco negro constante. Muchos años más tarde iba a descubrir la belleza que encarnaba los colores. No obstante en contraposición, razones inconexas y deshilvanadas secretamente volteaban por los rincones del pequeño salón.

lunes, 14 de diciembre de 2015

   El olor embriagador de formol en todo, sin duda, anunciaba indudablemente el universo que sus paredes retenían. Idealizaba con lo que jamás ocurriría, empaquetaba su corazón hacia anhelos propios de su edad. Aún le restaban años para encontrar un desembarque a buen puerto al laberinto profesional proyectado. Su flirt, si lo comenzó con anterioridad.

   ¡Qué distintas secuencias de la vida según a las etapas que marca la edad! ...así como el brillo que muestra el tornasol reflejado por la luz -meditaba . Ella sólo recordaba una infancia conmovedora, triste, de ahí la complicada adolescencia.  Los perjuicios adquiridos por la educación, la rigidez y patrones morales, diseñaron su camino. Todos en su conjunto se quedaron afincados de por vida, escoltando a su karma para siempre. El régimen político de entonces así lo exigía y presumía de tener partidarios. Un mismo perfil de seguidor incondicional. Varón, casado, excelso en competencias ​​y con derechos arbitrarios a cuanto le apeteciera o le antojara.

                                               EL ARCO IRIS EXISTE...??                      


Nunca consideró que detrás de ese semblante y semejante fisionomía, se ocultara aquel enigma. Para su sorpresa y después de un tiempo de meditación, el sortilegio determinó finalmente la senda inversa a lo calculado. No se manifestaron en ella ni éticas ni tampoco arrepentimientos que inquietaran esta decisión. Aunque el principio del recorrido estaba sumergido en  un nuevo mundo, consiguió darle entendimiento paulatinamente y disipar posibles dudas, como si de niebla se tratara.

Habitualmente, ella transitaba por la misma ruta. De igual modo imaginaba ascender algún día por aquellos peldaños semicirculares de piedra. Estos ya perdieron su lustre inicial. Millones de pisadas tuvieron que soportar esas plataformas robustas desde su construcción. Los sueños que   su mente forjaba,  se enaltecían irremediablemente,  con solo bordear el enrejado que le separaba del majestuoso edificio neoclásico, la Facultad de Medicina.







                                                  NOMADAS AL VIENTO

  
Cuentan que unos nómadas huyeron con la amistad
que se les oscurecieron las almas por el hurto
y se les mancaron las almas hasta ennegrecerlas.

Escaparon cabizbajos, agotando su fuerza espiritual
y lamentaron el suceso sin poder retornar ya al paraíso
y tal vez, o tal vez no, deseaban volver al principio.

Contaron con fieles herederos, los hijos de sus hijos,
Y quedó huérfano el tiempo, estéril el pensamiento.

Cómo gritar que reconocí una agradable brisa en tus palabras
carezco de voz porque unos...
...aunque tampoco estoy tranquila cuando no sonríes
¿acaso regresaron los nómadas?






LIBERO

Las alas de mis entrañas ancladas en una oración
perseveran contemplar una mirada jamás vista,
un eterno rezo con silueta de pasión.

Reflexiono por los besos que para Ti escondía
aturdido el tiempo desde el germen
locura de espera y dolor la lejanía.

Esbozando una cita liberada ya de temor
envidiaremos cual amantes fugitivos
reinventado el código del amor.

Presencia-ausencia, a veces un juego sensato
pero yo naufrago a través de la estela que roza tu piel
desterrada con el alba por el miedo ingrato.

Muero por mostrarte mis manos albas
mi alma traslúcida,
mi persona.







                                                                    L L O R A



Por ser una gran mujer, le hizo traspasar los límites humanos, a su antojo, según dictaba su corazón enfermizo. Deseada , pero obediente y sumisa, el instrumento perfecto donde clavar los alfileres de sus derrotas, no más. Ella implicada (ajena al entramado), lloraba, en ocasiones incluso sin lágrimas o a través de la sonrisa, con objeto de desahogar el alma, buscar un poco de paz... Envuelta en toda aquella nebulosa, se afanaba en ahuyentar lo que le debilitaba la razón.
Madre y dama impecable para todos. Quiso desafíarle ante semejante carencia de afecto y la incompresible violencia física-emocional que ejercía sobre su persona: HUYÓ. ¡Gritó, basta de celos y egocentrismo!... Le deseaba junto a él pero nunca a su lado. Ella gozaba de su sombra como única compañía, reinventaba ilusoriamente la felicidad pero con sueños del pasado... Obtuvo entonces el valor necesario para trepar el muro y saltar al vacío, libre miedos. Dejó tras de sí los repetidos golpes al ya debilitado cuerpo y las duras condenas impuestas por cada segundo de su respiración. Carente de amor, dada la impulsividad de esa mano larga, solicitó ayuda para romper lazos y encontrar la codiciada libertad... A veces, me recordaba a mí.
                                                                 

                                                     SIEMPRE DIOSA




Hoy, ayer o antier
ni siento sus manos
ni su aliento cercano
o sus labios en mí.

Solo bordeo su nombre,
amordazo mi alma
y asilo mi cobardía...
refugio, el muerdo ilusorio.

Retozo entre los pechos
centauro claudicado,
la arena nuestro lecho
su hermosura mi libido.

El galope de sus caderas
perdición,
al continuo indagar de sus dedos
claudicaba.

Espectaculares réplicas en mí
refulgían como llamaradas...
la entrepierna agonizaba...
Safo ovacionará nuestro encuentro.



Estrella Bamore